Autonomía personal: ¿cómo cambia en las personas con demencia?

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La autonomía personal es la capacidad para realizar las tareas básicas del día a día por uno mismo: vestirse y asearse, hacer los recados, alimentarse… Cuando aparece la demencia, van debilitándose funciones básicas que afectan a la capacidad para realizar estas actividades y el paciente se va volviendo cada vez más dependiente. En este artículo analizamos cómo surge y evoluciona esta pérdida de autonomía personal en las personas con demencia.

A lo largo de la vida desarrollamos habilidades y destrezas de manera progresiva para realizar de manera autónoma las actividades diarias. En primer lugar, las actividades básicas (baño, vestido, aseo, etc…), luego las actividades instrumentales (tareas del hogar, uso del transporte, manejo del dinero, etc…) y por último las actividades avanzadas (trabajo, juego y participación social). Las personas con demencia presentan alteración de las funciones cognitivas, además de la progresiva pérdida de las capacidades motoras, por lo tanto, tiene como consecuencia la pérdida de la autonomía personal. La persona irá perdiendo la capacidad para desenvolverse en su entorno y no podrá cuidar de sí mismo.

En los estadios iniciales aparecen los pequeños olvidos reiterados que dificultan la realización de actividades como hacer la compra, el uso del transporte y el manejo del hogar. Aparece una temprana desorientación a nivel espacial y temporal que junto con las alteraciones del lenguaje y las funciones ejecutivas provoca que la persona vea alteradas ocupaciones tan importantes como son el trabajo, gestiones financieras y el ocio.

Conforme avanza la enfermedad, ya es dependiente para todas las actividades avanzadas y para casi todas las actividades instrumentales de la vida diaria; además de comenzar a ser dependiente en las actividades básicas. Se suele comenzar por necesitar una supervisión o mínima ayuda hasta llegar a necesitar la máxima asistencia de otra persona. El deterioro de las funciones cognitivas, motoras, sensoriales y perceptivas provocará los déficit en los diferentes componentes de ejecución.

  • A nivel cognitivo, el déficit de memoria junto con la desorientación temporo-espacial y el déficit de atención influirán en el desempeño de diferentes actividades. Así por ejemplo el enfermo no recuerda si ha comido o no, no sabe dónde está el baño o simplemente no puede seguir el transcurso de una película.
  • A nivel motor, suelen aparecer las apraxias ideatorias e ideomotoras las cuales les impedirán realizar movimientos coordinados y secuenciar acciones complejas. Por lo tanto, en el vestido aparecerán dificultades para abotonar o colocar la ropa en el orden correcto. En el baño también habrá dificultades para regular el agua, saber usar los utensilios necesarios y seguir la secuencia completa.
  • A nivel perceptivo y sensorial, comenzarán a no reconocer objetos cotidianos ni para qué sirven. Por ejemplo, se observarán problemas para el cepillado de dientes, el peinado o el uso del retrete. A medida que progresa el deterioro, habrá mayor dependencia en todas las actividades, aunque la persona podrá seguir colaborando en cierto nivel. Dependiendo del caso, podrá colaborar en ciertas actividades si se le guía verbalmente y se le inicia el movimiento para que lo continúe. En la última fase, la dependencia es total y la persona responde a pocos estímulos.

 

Es importante destacar que no todo lo anterior aparecerá en ese orden ni se producirá en todos los casos, ya que lo expuesto se corresponde con una visión general de la enfermedad.

Mónica Guzmán Palomares
Terapeuta Ocupacional en CITEA

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