¿Cuales son los medicamentos para el Alzheimer?

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¿Cuales son los medicamentos para el Alzheimer? con Ildefonso Gómez-Feria Prieto, médico psiquiatra.

Hemos de considerar primeramente dos tipos de medicamentos, el tratamiento para la enfermedad de Alzheimer propiamente dicha y el tratamiento para los síntomas psicológicos y conductuales de ésta.

Con respecto a los primeros, a los MEDICAMENTOS PARA EL ALZHEIMER hemos de decir que no existe un tratamiento para curar la enfermedad de Alzheimer, los tratamientos existentes lo que hacen es retrasar la progresión de la enfermedad. Dentro de estos tratamientos existen dos grupos de sustancias farmacológicas:

  • Inhibidores de la acetil colinesterasa. Son fármacos que incrementan la transmisión de una sustancia cerebral llamada acetil colina, impidiendo que esta se degrade con la enzima acetil colinesterasa. Esto hace que la acetil colina aumente en el cerebro y se sabe que está relacionada con procesos como el sueño, la atención, el aprendizaje y la memoria. Estos fármacos se suelen utilizar en los primeros estadíos de la enfermedad, ya que suelen perder su eficacia en demencias avanzadas. Son tres los fármacos inhibidores de la acetil colinesterasa: la Rivastigmina, la Galantamina y el Donepezilo. Estas sustancias son bien toleradas pero en ocasiones pueden producir efectos secundarios como: náuseas, vómitos, pérdida de peso, cansancio, mareos, etc.
  • Antagonistas de los receptores NMDA del glutamato. Son sustancias que actúan a nivel de este receptor. Se sabe que la liberación del glutamato a corto plazo se relacionan con los procesos de aprendizaje pero que a largo plazo puede producir la muerte celular. En este grupo tenemos al fármaco Memantina. Esta sustancia se suele utilizar en demencias moderadas o avanzadas sola o junto con un inhibidor de la acetil­colinesterasa. También es bien tolerada pero en ocasiones puede producir somnolencia, cefaleas, disnea, estreñimiento, etc.

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Con respecto a los MEDICAMENTOS PARA LOS SÍNTOMAS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTUALES hemos de decir que estos están presentes en cualquier momento de la evolución de la enfermedad en el 80 % de las personas diagnosticadas de demencia de Alzheimer. Suelen ser el principal elemento perturbador del cuidador y la primera causa de institucionalización o ingreso residencial. Estos síntomas pueden ser: agresividad verbal o física, gritos, irritabilidad, inquietud, agitación, conductas nocturnas (insomnio, deambulación), conductas de utilización del entorno (merodear abriendo y cerrado cajones o puertas, etc.), llanto incontrolado, labilidad afectiva, tristeza, ansiedad, conductas desinhibidas, oposicionismo, conductas perseverativas o estereotipadas (movimientos repetitivos), hiperoralidad (llevarse todo a la boca), delirios y alucinaciones. Contra estos síntomas podemos utilizar los siguientes fármacos:

  • Antidepresivos. Se utilizan para la tristeza y la ansiedad, presente sobre todo en las primeras fases de la enfermedad. Normalmente se utilizan los antidepresivos llamados Inhibidores Selectivos de la Receptación de Serotonina (ISRS), dentro de estos tenemos: Citalopram, Escitalopram, Fluoxetina, Paroxetina, etc. Suelen tolerarse muy bien, pero en determinadas ocasiones pueden aparecer efectos secundarios, principalmente náuseas y vómitos. Rara vez hay que recurrir a otros tipos de antidepresivos.
  • Ansioliticos benzodiazepínicos. Se utilizan para el tratamiento de la ansiedad, la inquietud y el insomnio. Dentro de estos el más utilizado es el Lorazepam por su vida media (tiempo que permanece en el organismo) corta. Entre sus efectos secundarios hay que señalar somnolencia (a veces se busca para conseguir el sueño), relajación muscular que puede originar caídas del paciente y la posibilidad de fractura, sobre todo cuando se levantan a media noche, pueden generar también trastornos de la memoria que desaparecen tras dejar de tomar el fármaco y la depresión respiratoria, por esto último no es aconsejable en pacientes con problemas respiratorios (broncopatía crónica, apnea obstructiva del sueño).
  • Neurolépticos o antipsicóticos. Se utilizan en pequeñas cantidades para tratar los síntomas propiamente psicóticos (delirios, alucinaciones, agitación psicomotriz, conductas desordenadas). Normalmente se utilizan antipsicóticos atípicos como la Risperidona, la Quetiapina o la Olanzapina, ya que estos producen menos efectos secundarios extrapiramidales, aunque en ocasiones hay que recurrir a los neurolépticos clásicos como el Haloperidol a dosis bajas. Los efectos secundarios más importantes de los neurolépticos o antipsicóticos atípicos son la sedación, el aumento de peso y los efectos anticolinérgicos (estreñimiento, sequedad de boca), con menos frecuencia pueden aparecer efectos extrapiramidales, es decir efectos secundarios que remedan la enfermedad de Parkinson (temblor, trastorno de la marcha, rigidez muscular).
  • Otros fármacos. En ocasiones hay que utilizar inductores del sueño o hipnóticos no benzodiazepinicos como el Zolpiden e incluso un antidepresivo, la Trazadona, como inductor del sueño.

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