Valoración de fisioterapia en la enfermedad de Alzheimer y otras demencias

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Valoracion de fisioterapia en Alzheimer y demencias

La valoración de fisioterapia es un reconocimiento exhaustivo de las capacidades físicas y funcionales de la persona, que intenta detectar alteraciones y limitaciones en lo que se considera un alcance normal para una edad y estilo de vida determinados. En el caso de enfermos de Alzheimer y demencia se trata de una pieza fundamental de la valoración integral del paciente, ya que el avance de la enfermedad suele acarrear un deterioro físico paralelo al cognitivo. A continuación detallamos las áreas y puntos clave de este tipo de estudio.

La valoración de fisioterapia es una pieza clave en la evaluación del estado general de un paciente con Alzheimer u otro tipo de demencia. Es muy frecuente asociar este tipo de enfermedades con el deterioro mental, si embargo no es el único aspecto en que estas patologías limitan la autonomía del paciente. El deterioro cognitivo presente en la enfermedad de Alzheimer (EA) y otras demencias suele ir acompañado de una serie de alteraciones físicas y funcionales propias de la enfermedad cuando ésta avanza.

Dichas alteraciones en las funciones motoras se pueden manifestar de diversas maneras:

  • Rigidez muscular secundaria al aumento de tono muscular.
  • Reducción de la movilidad articular.
  • Disminución de la sensibilidad propioceptiva: reconocimiento de la posición y movilidad articular, esquema corporal, control postural y equilibrio.
  • Disminución en la coordinación de movimientos.
  • Alteraciones en el patrón de la marcha y en las transferencias.
  • Alteraciones en la coordinación óculo-motora y en la motricidad fina.
  • Disminución progresiva del nivel de actividad física.
  • Aumento del riesgo a sufrir caídas.

 

El plan de intervención fisioterapéutica, como ya señalamos en anteriores entradas, es clave dentro del programa de tratamiento integral de la EA y otras demencias, puesto que contribuye a potenciar la autonomía del paciente. Para llevarlo a cabo, por tanto, es indispensable realizar una valoración inicial de las capacidades físicas de los pacientes con el fin de elaborar un programa de intervención en base a unos objetivos específicos establecidos en función de los resultados de dicha valoración. Es importante señalar que las valoraciones deben repetirse con cierta periodicidad, o en momentos en los que se aprecie en el paciente un cambio físico de relevancia, para evaluar posibles nuevos objetivos y, si es necesario, establecer modificaciones en el tratamiento de fisioterapia.

Existen multitud de posibilidades a la hora realizar la valoración de las distintas alteraciones que se pueden producir a nivel físico. A continuación, expondremos algunas de las más utilizadas en estos pacientes:

Valoración de fisioterapia analítica

 

  1. Valoración del dolor.

En la anamnesis, junto con la observación clínica del fisioterapeuta, es el propio paciente quien nos indica en qué zona siente dolor, durante qué movimientos y/o en qué momentos.

Si su deterioro cognitivo es avanzado y no es capaz de expresar su dolor verbalmente, podemos utilizar la escala Painad en la que, tanto en reposo como en movimiento, se clasifica el dolor en leve, moderado o severo según observemos la respiración, la expresión facial y corporal, la consolabilidad, etc.

  1. Balance articular y muscular.

Observamos posibles limitaciones en la movilidad de las articulaciones (si se precisa, se puede utilizar el goniómetro) y evaluamos el tono y la fuerza muscular de tronco y miembros, pudiendo utilizar para ello el test de Daniels.

  1. Valoración de la piel y estado circulatorio.

Desde la observación clínica, evaluamos posibles alteraciones de la circulación sanguínea y linfática (inflamación de miembros, varices, color de la piel, etc.).

 

Valoración de fisioterapia funcional

  • Flexibilidad.

Se observa la forma en que se realizan los movimientos a la hora de solicitar distintas acciones. Por ejemplo, tocar el suelo con la mano, juntar puños a nivel posterior del tronco, tocarse la oreja contraria, etc.

  1. Motricidad fina.

Se solicitan movimientos finos tales como la oposición pulgar, realizar pinza fina, pinza gruesa, etc.

  1. Coordinación óculo-motora.

Se observa si el paciente, por ejemplo, calcula bien la distancia y la velocidad a la que va un objeto a la hora de lanzarlo y/o recibirlo.

  1. Propiocepción.

Existen múltiples formas de valorarla: imitación de posturas o movimientos, reconocimiento de una determinada posición articular sin ayuda visual, control postural en bipedestación o sedestación, …

  1. Equilibrio y marcha:

Aunque desde la observación clínica podemos determinar cómo se encuentra el paciente para mantenerse de pie y caminar por sí mismo, la escala Tinetti nos puede indicar de forma más precisa hasta qué punto se encuentran alterados el equilibrio y la marcha, si necesita supervisión/ayuda de otra persona para los traslados, si puede bajar o subir escaleras o si necesita ayuda técnica para la marcha (bastón, andador, etc.).

  1. Riesgo de caídas.

La prevención a sufrir caídas es uno de los aspectos más importantes en este tipo de pacientes, ya que las consecuencias negativas de las mismas podrían resultar altamente incapacitantes o invalidantes. Así pues, es fundamental determinar si el paciente necesita ayuda o supervisión constante, si la requiere únicamente para transferencias o traslados, para deambular, etc.

Para ello, podemos hacer uso de los resultados de la escala Tinetti o el test denominado Up and Go.

 

Francisco Rodríguez Chacón

Fisioterapeuta en CITEA

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