Cuando abordamos aspectos asociados a la Estimulación Cognitiva, es relevante destacar el notable resultado aportado en el paciente. Este tipo de intervención, determinado como Terapia No Farmacológica, tiene como objetivo ejercitar todas aquellas capacidades conservadas de forma parcial o total en el paciente con deterioro cognitivo. Para aquellas personas que se beneficien de este tipo de terapias, y no hayan mostrado indicios de presencia de deterioro, es igualmente favorable su efectividad, ya que permite establecer un mantenimiento de las capacidades, aportando incluso un mejor aprovechamiento de los recursos ejecutivos presentes en la persona. Es decir, la Estimulación Cognitiva nos viene a mostrar un claro beneficio en el rendimiento cognitivo de cualquier persona que lo lleve a cabo.
No obstante, es importante tener en cuenta una serie de aspectos. Por un lado, no todo es «Estimulación». Es popularmente utilizado el término «estimulante»: un libro, una actividad lúdica, una aplicación en dispositivo táctil, una actividad deportiva, entre otros. Y no podemos negar que, cualquier tarea o dinámica realizada que nos haga salir de la pasividad e inactividad, será algo favorecedor para la persona que lo lleve a cabo. Sin embargo, no debemos dejar de considerar la importancia de un asesoramiento técnico que permita optimizar este tipo de actividades, y la acerquen a un mayor aprovechamiento de los recursos. Es decir, si buscamos obtener un resultado notable y eficaz, como estable en el tiempo, es importante que las tareas que se programen dentro de este tipo de terapias estén configuradas por profesionales especializados. Concretamente, desde la Neuropsicología podemos aportar un enfoque completo de la problemática e intervenir, tanto desde la parte cognitiva (áreas implicadas) como desde la parte clínica (personalidad, hábitos, gustos). En este sentido, desde la Neuropsicología se establece un seguimiento periódico de las capacidades de la persona, para así poder configurar de forma continuada tareas que se ajusten al nivel de trabajo de la misma. En función del grado de deterioro encontrado, esto nos permitirá ampliar o diversificar en el tipo de tareas a realizar. Es por ello por lo que se hace hincapié en el momento elegido para comenzar a realizar actividades asociadas a este tipo de terapia.
Generalmente, se entiende que, cuando existe una dificultad notable, es cuando hay que buscar a los profesionales competentes para que intervengan en ello. Por tanto, podemos encontrarnos en una situación en la que las capacidades conservadas sean limitadas e impida trabajar de forma amplia, sino enfocando en aquellas que aún se mantienen o están parcialmente afectadas. No obstante, si acudimos a este tipo de intervención, en el caso donde la persona presenta autonomía y el deterioro es inicial o hay sospecha de éste, es un momento idóneo para comenzar. Como ya se ha indicado, se puede abordar incluso de forma preventiva, sin sospecha de deterioro, lo cual nos permitirá reforzar la reserva cognitiva que presente la persona en ese momento.
A la hora de plantear de qué forma puede una persona beneficiarse de la Estimulación Cognitiva, una de las variables a considerar es la modalidad de intervención. Por una parte, se pueden establecer sesiones individuales en las cuales la persona trabajará de forma focal y directa todos aquellos aspectos que se requieran intervenir. Se establece una relación terapéutica directa con el Neuropsicólogo/a, el cual crea un vínculo de confianza y comodidad. Aunque se priorice en el trabajo de las diversas áreas, es fundamental crear un clima cómodo en donde la persona se sienta acompañada, sin temor de expresar las dificultades que pueda tener, al igual que fomentar confianza por parte del paciente, llevando a compartir preocupaciones o inquietudes que tenga a lo largo de las sesiones programadas. Es un tipo de tratamiento de larga duración, sobre todo en personas con deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, que conllevan un acompañamiento prolongado por parte de su terapeuta. Este tipo de intervenciones son favorables para aquellas personas que buscan trabajar de forma directa su problemática, con una motivación centrada en la actividad y no requieren de refuerzo social ni acompañamiento de iguales. Asimismo, es favorable en casos donde es necesario un abordaje directo que no se realiza de forma focal en otros tipos de programas, como en casos donde hay dificultades de atención o ciertas alteraciones conductuales que dificulten la socialización.
Por otra parte, tenemos la intervención grupal. Es un tipo de programa controvertido, ya que añade una variable de peso como es la interacción social. Este aspecto aporta a la Estimulación Cognitiva un matiz relevante, como es la socialización, la cual puede favorecer o puede dificultar el proceso terapéutico. Las relaciones sociales suelen resultar complejas cuando implican cierta convivencia. En personas que presentan deterioro cognitivo leve o están en una fase muy inicial de la demencia, pueden encontrar cierta suspicacia a la hora de relacionarse con otras personas, sobre todo si son con características similares. La comparación o la focalización en aspectos llamativos en otras personas, pueden llevar a rechazar en ocasiones la presencia en este tipo de programas. Es por ello importante establecer una adecuada entrevista inicial familiar, como exploración de informes médicos, para identificar cuál son las capacidades comunicativas que presenta el paciente para poder integrarse en este tipo de programas.
No obstante, destacar las dificultades en su implementación no debe nublar el notable efecto positivo que produce en personas con estas características. El factor social es un aspecto muy potente a la hora de fomentar la motivación al desarrollo de este tipo de actividades. Un adecuado contexto social permite un estado de ánimo más elevado como favorece la adherencia terapéutica. Crea vínculos de confianza y estimula la expresión verbal. Este último aspecto toma un lugar relevante, ya que las personas que comienzan a presentar ciertas dificultades en la comunicación, les puede llevar al aislamiento y a una menor actividad. Por tanto, este tipo de programas son muy completos ya que aportan diversos beneficios, tanto a nivel neuropsicológico como clínico.
Por tanto, desde CITEA apostamos por los beneficios de este tipo de programa terapéutico, marcando especial hincapié en la importancia de establecer una buena entrevista inicial que permita establecer qué tipo de programa es el favorable para comenzar, al igual que un seguimiento exhaustivo tras la Evaluación Neuropsicológica inicial, que facilite una correcta programación de las diversas actividades a realizar en la Estimulación Cognitiva, la cual se vaya adaptando a la evolución del paciente.

